Zoya Rathore nació en una pequeña ciudad del noroeste de la India, en el estado de Rajasthan. Creció en un hogar conservador donde las tradiciones familiares regían la mayoría de las decisiones. Desde muy joven mostró un carácter independiente y una curiosidad poco común por el mundo más allá de su entorno. Comenzó a estudiar inglés en la escuela local y, a los dieciséis años, ya destacaba por su fluidez y su capacidad para conectar con personas de otras culturas. Sin embargo, las limitaciones económicas y sociales la empujaron a buscar alternativas fuera de lo convencional.
Tras cumplir la mayoría de edad, Zoya se mudó a Mumbai para intentar abrirse camino como modelo. Allí descubrió que el mercado de la moda convencional era extremadamente competitivo y cerrado para alguien sin contactos. Fue entonces cuando un conocido le habló de la posibilidad de trabajar en producciones para adultos, un sector que en la India operaba en secreto pero que ofrecía ingresos muy superiores a los de cualquier empleo formal que pudiera encontrar. Después de varias semanas de reflexión, Zoya decidió aceptar su primera audición. No lo hizo por desesperación, sino por la convicción de que podía controlar su propio cuerpo y su narrativa.
Su primera escena se grabó en un estudio improvisado en las afueras de Delhi. Zoya recuerda que el ambiente era tenso y que el equipo no era profesional, pero ella se entregó por completo para demostrar que tomaba el trabajo en serio. Poco a poco, fue ganando reputación por su naturalidad frente a la cámara y por su capacidad para improvisar diálogos en hindi e inglés. Los productores locales empezaron a solicitarla para proyectos más grandes, y en menos de un año ya había trabajado con varias plataformas internacionales que distribuían contenido desde la India hacia el extranjero.
Gracias a la difusión de sus primeras películas en sitios web europeos y estadounidenses, Zoya comenzó a recibir invitaciones para filmar en Tailandia y en los Emiratos Árabes Unidos. Aprovechó esas oportunidades para mejorar su técnica actoral y para aprender sobre mercados fuera de su país. En una entrevista para un medio digital, ella misma explicó que nunca imaginó que su trabajo la llevaría a viajar tan lejos. Durante ese período, también abrió cuentas en redes sociales donde compartía fragmentos de su día a día, lo que le permitió construir una base de seguidores leales que valoraban su autenticidad.
No todo fue sencillo. Zoya enfrentó el rechazo de su familia cuando se enteraron de su profesión. Durante casi dos años no tuvo contacto con sus padres ni con sus hermanos. Además, la estigmatización social en India la obligaba a usar seudónimos y a esconder su identidad real. En varias ocasiones, recibió amenazas anónimas en línea y tuvo que cambiar de número telefónico. A pesar de todo, Zoya sostiene que esas dificultades la hicieron más fuerte y la llevaron a desarrollar una red de apoyo entre colegas que vivían situaciones similares.
En la actualidad, Zoya Rathore continúa activa en la industria, pero ha diversificado sus ingresos. Participa en sesiones de modelaje artístico y ha comenzado a escribir un blog donde cuenta sus experiencias sin filtros. También colabora con organizaciones que abogan por los derechos de las trabajadoras sexuales en el sur de Asia, aunque prefiere no dar declaraciones políticas directas. Su principal objetivo es mantener su independencia financiera y, algún día, producir sus propias películas con equipos donde las actrices tengan control creativo. Por ahora, sigue filmando en locaciones que van desde Mumbai hasta Bangkok, siempre con la misma energía que la caracterizó desde su primer día frente a la cámara.